Infancia

Con origen en la palabra latina infantia, la infancia es la etapa de la existencia de un ser humano que se inicia en el nacimiento y se extiende hasta la pubertad. El concepto también se emplea para nombrar a la totalidad de los niños que se encuentran dentro de dicho grupo etario.

La infancia es a menudo evocada con tintes nostálgicos, dada la capacidad del ser humano de rescatar lo positivo de cada recuerdo. Existe una tendencia generalizada a creer que todo lo acaecido en esos primeros años es mejor, más atractivo que el presente. Además, la mayoría de las personas suelen enternecerse al ver a un bebé, independientemente de conocerlo, de su aspecto físico, de su raza, etcétera.
En algunos países, infante (del latín infantis) es una denominación legal que se aplica a los chicos que tienen menos de 7 años. De acuerdo a la Convención de los Derechos del Niño, se entiende por niño a aquella persona que aún no haya cumplido 18 años, excepto que ya haya alcanzado la mayoría de edad, de acuerdo a lo estipulado por la ley.
A lo largo de la historia y con variaciones en cada país, el concepto de infancia ha variado. Pese a que las vivencias de los niños están determinadas por cuestiones biológicas y propias del desarrollo psicológico, los patrones culturales también inciden en su vida. Un claro ejemplo es que décadas atrás, fuera aceptable que los niños trabajaran o contrajeran matrimonio. Hoy en día, no sólo estas prácticas no son toleradas por la sociedad, sino que diversas organizaciones y entidades se dedican a garantizar que esto no suceda.
Los derechos del niño
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 1989 un tratado que describe los derechos de los niños. La Convención sobre los Derechos del Niño explica, por ejemplo, que todo niño debería gozar de salud, disfrutar del descanso y el juego, tener una familia, un nombre y una nacionalidad. Entre los puntos más importantes, sin embargo, se encuentra la libertad de pensamiento y expresión y la protección contra la explotación infantil.
Esta lista de normas básicas para la vida de una persona menor de edad resulta, como cualquier otra herramienta de generalización, incompleta y engañosa, sin entrar en que se cumple según la conveniencia de cada familia o región. Tomemos el caso de la libre expresión, por ejemplo, e intentemos explicar el creciente índice de suicidios por abuso escolar a personas que no responden a los parámetros de la maldita normalidad. El derecho a la familia, por otro lado, responsable de múltiples formas de abuso por parte de padres, tíos, abuelos. O pensemos en la elección de la religión en el caso de quienes son bautizados o circuncidados al nacer, cuando todavía no pueden decidir.

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